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Ignacio Vleming nació en Madrid en 1981. Es autor de los poemarios Clima artificial de primavera (V Premio de Poesía Joven “Pablo García Baena”; La Bella Varsovia, 2012) y Cartón fósil (La Bella Varsovia, 2016), así como del cuaderno de ejercicios sobre arte Inspiración instantánea (Modernito Books, 2013). También ha traducido del italiano poemas de Michelangelo Buonarroti y de Jacopo Sannazaro, incluidos en la antología Sextinas. Pasado y presente de una forma poética (Hiperión, 2011) y, junto al profesor Leonardo Vilei, La muchacha Carla de Elio Pagliarani (La Bella Varosvia, 2017). Licenciado en Historia del Arte y Comunicación Audiovisual, en la actualidad escribe sobre historia, arquitectura y espectáculos en diferentes medios.

 
 
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Entrevista

Tus primeros libros son poemarios ¿Qué relación has establecido con Fisura, un libro híbrido a medio camino entre el ensayo y la narrativa?

 

Me resulta complicado establecer grandes diferencias entre los géneros literarios. Al fin y al cabo todos los libros son un buen puñado de palabras ordenadas. En Fisura hay personajes, pero también los había en Clima artificial de primavera y en Cartón fósil (La Bella Varsovia, 2012 y 2016), mis dos poemarios publicados hasta la fecha. Por otro lado Fisura, al igual que Inspiración instantánea (Modernito Books, 2013), contiene de una forma muy explícita una serie de reflexiones sobre estética, arquitectura, fotografía y urbanismo.

 

Decía Pessoa que todo arte es una forma de literatura ¿Qué hay de literatura o de poesía en la arquitectura y viceversa?

 

El principio de cualquier proceso creativo suele ser el pensamiento y el pensamiento se expresa a través de la escritura. Antes de hacer una fotografía o de construir un edificio es habitual escribir un guión, hacer un esbozo o trazar unos planos. Por esto me atrevería a decir que la literatura está en el origen de todas las artes y por esto mismo tal vez sea la más rudimentaria.  

 

 

¿Cuál es tu relación con la arquitectura?

 

Queramos o no todos tenemos una enorme relación con la arquitectura. Cada día estamos poniendo a prueba el trabajo hecho por los profesionales de esta disciplina. A mí además me interesa su aspecto formal y su valor histórico. Los edificios son documentos que hablan de quienes hemos sido en el pasado y de quienes somos ahora.

 

Fisura propone un acercamiento distinto a la arquitectura, primero por el propio contenido que se narra en el libro pero también por el formato que se ha escogido para narrarlo. ¿Crees que se necesitan más relatos sobre arquitectura que exploren otras maneras de contárnosla y de acercarnos a ella? ¿Qué crees que pueden aportar estos nuevos relatos?  ¿Qué pueden encontrar los lectores de Fisura que no vayan encontrar en otros ensayos o libros de arquitectura?

 

La arquitectura es una disciplina con una larga tradición académica, ensayística y filosófica. Tanto los arquitectos como los historiadores del arte, los sociólogos y los politólogos han escrito largo y tendido sobre las ciudades, su significado, sus problemas y sus retos. Fisura solo propone un ángulo distinto desde el que contemplar lo que ya se ha construido. Del mismo modo que enlaza con esta genealogía, también es posible leer el texto como un libro de viajes, una crónica o una prosa poética en torno a las grandes infraestructuras.

 

¿Cuál ha sido tu proceso de trabajo con este proyecto?

 

Después de una larga conversación con Fernando Abellanas, que conoce en profundidad muchos de los lugares que evoca Fisura, el editor y yo trabajamos del mismo modo que los documentalistas de cine abordan la realidad y la ficción. En cierto sentido recurrimos a la ficción para explicar la realidad y a la realidad para entender determinadas ideas abstractas que no hubiéramos podido expresar mejor.

 

 

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En Fisura conviven dos universos. Por un lado el de su protagonista Fernando Abellanas y por otro lado tu propio universo. ¿Qué comparten entre si? ¿Dónde conectan Fernando e Ignacio?

 

Podríamos decir que Joris es en parte un trasunto de Fernando al comienzo de su trayectoria, antes de hacer muchas de las intervenciones que ya ha hecho. Por otro lado creo que a mí se me reconoce en la voz del narrador. Somos muy distintos, porque si Fernando viene del mundo del grafiti y de la escalada, y además es una persona que sabe trabajar con las manos -es un artesano en el mejor sentido de la palabra-, yo soy bastante torpe y me siento más cómodo con los conceptos que con los objetos.